| Iglesia de San Miguel |
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Este emblemático templo románico porticado ubicado extramuros del enclave medieval, amparado desde lo alto por las ruinas del castillo santestebeño y a sus pies por el Duero es Monumento Nacional desde 1976 y uno de los atractivos de esta localidad declarada Conjunto Histórico. La galería porticada es la estructura arquitectónica que centraliza la importancia de esta construcción; es una de las aportaciones más significativas del románico peninsular y soriano, y fue lugar de encuentro religioso y civil, de reunión del Concejo y del pueblo. Su primitivismo nos permite ver sus reducidas columnas, de fuste achaparrado, que simbolizan el inicio de un estilo arquitectónico propio de estas Comunidades de Villa y Tierra. Las siete arcadas representarían las siete primeras iglesias del cristianos y resumen un número que, en la antigüedad, significaba perfección. La galería se abre al sur, este y oeste en arcos de medio punto sobre columnas que despliegan en sus capiteles y canecillos de la cornisa, un interesante repertorio iconográfico, en lo que se puede apreciar la mano de obra de alarifes árabes. Los capiteles se ilustran con figuraciones animalísticas de cuadrúpedos, luchas entre ellos y con una serpiente; representaciones de animales fantásticos como sirenas, elementos arquitectónicos fortificados con arco de herradura y en cuyas almenas vigilan soldados armados con lanzas, formas vegetales, músicos, jinetes, figuras humanas tocadas con turbante. En la cornisa, los canecillos se decoran con personajes ataviados con vestimentas árabes, soldados, leones, músicos, rapaces, serpientes, elementos geométricos, y sobre la clave del arco de acceso, el monje con la data de construcción de la galería. La iglesia de San Miguel fue levantada en mampostería, y en sillar la galería y el primer cuerpo de la torre, aunque con varias piezas de origen romano que fueron insertadas en los paramentos. La torre es un añadido posterior, que se construye en origen exenta al edificio, y que se une al mismo en obras posteriores, teniendo un final de factura mudéjar. De planta cuadrada, se diferencia en ella dos cuerpos, un primer cuerpo de piedra y el segundo (el superior) de ladrillo. El interior de San Miguel es muy sencillo y se ilumina por dos ventanas abiertas sobre el pórtico y otra aspillera sobre el coro. Estas ventanas aparecen, en el exterior, cobijadas por grandes arquivoltas. Su única nave se cubre con armadura de madera, el corto tramo presbiteral con bóveda de cañón y el ábside semicircular con bóveda de horno. La zona baja de la cabecera y parte del presbiterio, conservan restos de pintura mural gótica. Al sur se abre la portada en triple arquivolta baquetonada, que descansan en jambas y columnas acodilladas, en cuyos capiteles aparecen cuadrúpedos, rostros humanos y entrelazos. Después de unos trabajos de restauración en sus muros, queda patente que antaño había una tribuna o estructura estable, como puede deducir por la gran cantidad de grafitos, incisiones sobre el revoco, que han aparecido a cuatro metros de altura y que están datados a finales del siglo XII. Según explica el equipo de Soria Románica, encargados de las obras y del plan Cultural de este proyecto, se observa temática muy variada, como sistema de cuentas, cruces de consagración, pequeños animales y caballeros, así como inscripciones textuales en latín. Desde este organismo sostienen que una posible teoría es que se accediera a esta tribuna interior desde la antigua puerta que subía a la torre, hoy cegada, que conduciría a esta galería que desapareció en algún proceso de reforma del templo. El coro, que se mantuvo hasta hace un siglo aproximadamente, se pudo construir aprovechando o sustituyendo parte de esta primitiva galería románica. En cuanto a la enumeración de los capiteles de la galería, si empezamos por el situado al lado sur, esto es lo que veríamos:
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